Selecciones y conspiraciones

Por Gerardo Cárdenas

(Lic.en Comunicación, egresado de la UIA, periodista, comunicador institucional residente en Chicago).

Coincido con Regina Santiago, comunicóloga, historiadora y analista extremadamente sagaz de la realidad política mexicana, en ciertas y peligrosas obsesiones: la política, la literatura, el cine, el arte, la música, y en especial una peligrosísima manía, la del futbol. Complican las cosas su inexplicable amor por el América, y mi correspondiente pasión por las Chivas de Guadalajara. Con esta ensalada de preferencias, no es de extrañar que el interés por las teorías conspiratorias y conspirativas forme parte de otro de nuestros puntos en común.

Conversando sobre futbol y conspiraciones, acordamos que las segundas incrementan en número e intensidad cuando se aproxima esa cita única del futbol con sus miles de millones de aficionados, el Mundial.

Decidimos entonces que sería bueno, o por lo menos interesante y divertido, tener un ojo puesto en los hechos y noticias que, vistos al trasluz de un análisis post-noticioso, apunten a la existencia de acciones, decisiones, fuerzas, presiones, e intereses que influyen en el Mundial 2010 de Sudáfrica, más allá de lo estrictamente futbolístico.

No he hecho un análisis histórico, pero algunas anécdotas del pasado son más que conspirativas: la victoria de la Italia de Mussolini en su mundial de 1934; las lesiones que apartaron a Pelé de la selección brasileña en 1962 y 1966; el gol fantasma de Hurst que ayudó a Inglaterra a alzar su única Copa en 1966; el 6-0 de Argentina a Perú que permitió a los anfitriones del Mundial 1978, en plena dictadura militar, calificarse a la final; la provocación a Zidane que resultó en su expulsión durante la final Italia vs. Francia del Mundial 2006.

Y así, podríamos pasar días hablando de conspiraciones y complots.

El Mundial 2010, todavía a varios meses de distancia, no está ajeno a ellos. Menciono tres en las que Regina y yo hemos coincidido que hay elementos que, en un caso son trágicos, en otro son interesantes, y en el tercero son, por lo menos, muy divertidos.

Noticia en México y en buena parte del mundo futbolístico fue el ataque a tiros, en un bar de terrible reputación de la ciudad de México, contra el paraguayo Salvador Cabañas, delantero centro del América y de la selección guaraní, una de las finalistas clasificadas a Sudáfrica.

El asunto contiene elementos ligados al clima generalizado de violencia que vive México – su presunto atacante tiene conocidas ligas con los cárteles de las drogas. Ello, de por sí, apuntaría a muchas conspiraciones (¿quién no recuerda que en 1994, los cárteles colombianos habrían mandado matar a Andrés Escobar, aquel defensa de Colombia que tuvo la mala fortuna de marcar en propia puerta contra Estados Unidos, en un mundial en el que los colombianos eran supuestos favoritos).

Pero si dejamos fuera esos elementos, y nos concentramos en lo futbolístico, con ese ataque que dejó a Cabañas en coma por varios días, Paraguay pierde a su mejor jugador, a su hombre gol, a su mejor argumento para pasar a segunda ronda.

La segunda conspiración también está en México, pero las señales vinieron de España, donde Rafael Márquez, defensa estelar del tricolor, hizo declaraciones al diario “El País”, en las que es más interesante lo que no dice, que lo que dice. Márquez habla de manos negras en el manejo del futbol mexicano, y apunta como referencia a su fallido intento por hacerse con la propiedad del Club Atlas de Guadalajara.

Irónicamente, Márquez mismo puede ser sujeto de teorías conspirativas: muchos no han olvidado cómo se hizo expulsar en un crítico partido ante Estados Unidos en el Mundial del 2002.

La tercera conspiración, y con ella cerramos, es la más divertida. Inglaterra vive en estos días una auténtica tormenta, tras la decisión del técnico del seleccionado inglés, Fabio Capello, de quitarle la capitanía a John Terry, luego de que el defensa del Chelsea se convirtiera en el centro de un escándalo sexual.

Según las revelaciones de la prensa, Terry era parte de un triángulo sexual, en torno a la modelo francesa Vanessa Perroncel, y en el que también participaba el compañero de Terry en el Chelsea y la selección inglesa, Wayne Bridge.

Terry no es precisamente un modelo de templanza. Sus andanzas lo han hecho comparable a Tiger Woods, según la prensa inglesa. Pero en el affaire Perroncel, Terry aparentemente se pasó de listo y el férreo centurión romano que Capello siempre ha sido no se lo perdonó. Su decisión inapelable fue quitarle el gafete de capitán a Terry y pasárselo a Rio Ferdinand.

El escándalo ha sacudido a Inglaterra, no sólo porque los escándalos sexuales de los personajes públicos siempre agitan el morbo británico, sino porque un italiano tuvo la osadía de destituir al capitán del “Equipo de la Rosa”. A tal grado esto es grave, que el premier Gordon Brown tuvo que pedir a Parlamento y pueblo comprensión y beneficio de la duda para Capello.

¿Qué tanto daño puede hacer esta decisión a Inglaterra? Suponiendo que Terry no se levante de esta caída, y poniéndonos en tono conspirativo, podríamos pensar que los deseos de Perroncel no fueron exclusivamente sexuales. Esto, porque es posible que en cuartos de final en Sudáfrica, Francia e Inglaterra tengan que enfrentarse. O como dicen los franceses: “cherchez la femme”.

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