El pensamiento mágico en el juego de futbol

(Esta colaboración forma parte del proyecto especial UIA-Futbol Al aire libre que se publica lunes, miércoles y viernes. Los textos pueden ser reproducidos dando crédito a Carla González y al Observatorio de Medios de la UIA).

 Por Carla González, alumna del diplomado de Periodismo Deportivo de la UIA

 En cada selección de futbol queda la huella las prácticas culturales de un país; de sus instituciones, de sus dirigentes, de sus aficionados. Los brasileños son alegres, los alemanes son pragmáticos y siempre encuentran la forma de ganar; los argentinos son apasionados. ¿Y los mexicanos? De acuerdo con  Luis Villoro en Dios es Redondo, los mexicanos como canción ranchera gustamos del sufrimiento. Pero algo que todos tenemos en común es el deseo ferviente de que sus equipos-nación se alcen con la victoria y para ello toda ayuda es apenas suficiente.

 

Pero como parte de una práctica cultural vinculada a diversas facetas de la vida, hoy nos detendremos en el pensamiento mágico aplicado al juego de futbol. Sin duda, el misticismo que rodea al futbol admite todo tipo de prácticas que pueden ir desde una simple oración hasta conjuntar a un equipo bajo la influencia de los astros y las estrellas tal como lo hiciera en esta copa el entrenador francés, Raymond Domenech.

 El continente anfitrión de esta copa del mundo no se queda atrás y también pone a disposición del juego parte de su cultura y un poquito más allá.

 Claro ejemplo de ello es lo ocurrido con la selección de Costa de Marfil en 1992 cuando jugó la final de la Copa Africana de Naciones. Los elefantes, mote con el que se le conoce a este equipo, lograban por primera vez en su historia acceder a una final.

 El hecho fue recibido con un júbilo que estalló en el pecho y garganta de cada uno de los habitantes del país africano. No había forma de perder el partido, la selección de los elefantes, venía de excelentes resultados que además habían servido como catalizadores de paz en este conflictivo país, y para garantizar el triunfo se haría cualquier cosa inclusive acudir a la magia.

 Gbagbo presidente en ese momento de Costa de Marfil, autoriza al ministro de Deportes para contratar a una gran cantidad de fétisheurs (brujos) para asegurar una ventaja sobrenatural ante el adversario que en aquel entonces era el equipo de Ghana.

 La anécdota cuenta que cuando el ministro de Deportes se negó a pagarles a los brujos, éstos lanzaron una maldición, que tuvo como consecuencia, casual o no, una racha de 10 años de pésimos resultados. Esto llevó, en el 2002, al ministro de Defensa, Moise Lida Kouassi, a acercarse con bandera blanca a los brujos a quienes fue ofrecido mucho dinero y alcohol para levantar la maldición.

 A partir de un conflicto suscitado por la ingesta de un brebaje mágico por parte de los jugadores de un club de la liga de Bouaké, la Federación Africana de Futbol prohibió la figura de los consejeros como parte del cuerpo técnico.

 Sin embargo, eliminar la superstición o el fetichismo del futbol, resulta prácticamente imposible. Todavía en las eliminatorias para el mundial de Alemania 2006 por las calles de Costa de Marfil corría sangre de gallina para asegurar el triunfo.

 Resulta interesante señalar, que en el 2002 el general Robert Guei, quien había ascendido al poder por un golpe militar en Costa de Marfil, arrestó a los jugadores del seleccionado por haber quedado fuera de la Copa Africana de Naciones. En National Geographic declaró “Debían habernos ahorrado la vergüenza”.

En este 2010 no hay de qué avergonzarse; la magia africana está en otra parte. No  hay de qué avergonzarse, al contrario, el futbol y la Copa del Mundo no llevarán por sí solos la paz y prosperidad al continente africano, pero sí les han ayudado a recordar a ellos mismos y al mundo que en el desempeño individual y de conjunto tienen magia y una vida más allá de la política.

1 comment so far

  1. Carlos A. González on

    Sin duda el nivel en el desempeño deportivo que muestran los diferentes participantes, son el reflejo del desarrollo que han alcanzado sus pueblos.

    Interesantes las reflexiones que hace Carla González en su artículo que ahora nos comparte.


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