Algo más que puro futbol

 

Por Julián Andrade 

Newsweek

  El caso francés es especial. Les Blues estaban condenados a un desastre que se fue construyendo en los propios vestidores. El entrenador galo es un tipo extraño cargado de manías y lector asiduo de horóscopos y de cartas astrales. Raymond Domenech logró una proeza para los parámetros de la sociedad francesa: construyó una imbatible mayoría en su contra. Francia odiaba a su entrenador, peor aún, así se le sostuvo porque sus números no son tan malos.

El pecado radicó en la pésima relación con sus jugadores, lo que al final propició su descalificación en la primera ronda de la competencia internacional. Para los franceses el tema es un asunto de estado y así lo ha visto el presidente Nicolas Sarkozy.

A Italia, en cambio, le faltó “vergüenza”. Supusieron que podían continuar con su siempre cardiaca y tortuosa forma de calificar y este espejismo les costó cuatro años de preparación y un escándalo en una de las ligas más competitivas. España, en cambio, inició perdiendo con Suiza por una mezcla de mala suerte y de falta de eficacia en el marco rival. A pesar de todo, calificaron en primer lugar de su grupo luego de derrotar a Honduras y a Chile. Las esperanzas en esta selección son bastante fundadas porque han corregido errores y pueden estar a la altura de las aspiraciones que generó desde que logró el campeonato de Europa. Algo, sin embrago, no anta muy bien en la escuadra española. No acaban de encontrar el toque. El futbol se está convirtiendo en un deporte donde se van igualando fuerzas, aunque al final del día tampoco existan grandes sorpresas. Quizá el dato más revelador sea la fuerte presencia de las selecciones de América. De ocho conjuntos, siete calificaron a los octavos de final, quedando sólo fuera Honduras. En el fondo, el futbol sigue siendo de asociación, aunque poderosas individualidades puedan hacer la diferencia.

Conforme avance la competencia existirá menos espacio para historias conmovedoras de equipos débiles que logran derrotar a adversarios poderosos. Lo cierto es que los grandes jugadores del mundo se conocen y por regla general juegan en las ligas europeas. Con excepción de las buenas canteras futbolísticas de Brasil y Argentina, la suerte futbolera suele definirse en la preparación que imprimen clubes como el Barcelona o el Liverpool. Acaso por eso, la Copa del Mundo es también una especie draft en la que se define la suerte de muchos deportistas. A fin de cuentas es un espacio y una especie de pecera en la que se pueden apreciar a algunos de los mejores futbolistas del planeta. Lo que sigue siendo una maravilla es la influencia de este sencillo deporte que es capaz de cautivar al mundo por espacio de un mes. Ciudades como Madrid. Buenos Aires, México y Rio de Janeiro se paralizan cuando sus equipos nacionales saltan a la cancha. Hay un serio debate respecto a los daños económicos que se pueden generar está pasión deportiva, pero estos suelen ser compensados por ganancias en restaurantes, ropas deportivas y todo el entramado de negocio que se construye alrededor de la Copa del Mundo. Tan sólo Sudáfrica aumentará un punto del PIB y generará 200 mil empleos relacionados con la Copa del Mundo.

El Mundial de 2006 se siguió en 214 países y la final logró 608 millones de espectadores directos. Es muy probable que la contienda en África supere estos números. De acuerdo con datos del grupo financiero IXE, las ganancias de la televisión mexicana serán de cuando menos 900 millones de pesos. En futbol, si se mide como empresa internacional, mueve unos 500 mil millones de dólares y según datos de la revista Expansión, sería la 17ª economía si fuera un país. Pero una de las ganancias mayores en que estamos ante la oportunidad de recobrar lo mejor de la cultura del futbol y que es un tema que no puede medirse en dinero. Parece broma, aunque no lo es tanto, cómo esta competencia deportiva cambia rutinas durante un mes. Empresas en el mundo entero toman providencias para evitar el ausentismo, asumiendo que la gente verá el futbol, y en México la Secretaría de Educación Pública permitió la colocación de televisores en las aulas cada vez que México saltó a la cancha. ¿Esto es rendirse ante un juego? Más bien es asumir la importancia de la Copa del Mundo, la que al final del día también puede reafirmar identidades dentro de los marcos pacíficos, lo que no es poco en un mundo donde imperan las convulsiones y las guerras. Nadie piensa que esto cambie algo en las urgencias internacionales, pero no deja de ser una buena costumbre la concurrencia de naciones en un espacio donde las reglas son claras y aceptadas por todos. Nick Horby apuntó, en Fiebre en las gradas, el error en que se puede incurrir al buscar metáforas para explicar al futbol. Este deporte es lo que es, pero contiene todavía una buena dosis de magia. Quien lo dude puede ver como se mueven las apuestas y como, también, suelen equivocarse los expertos. Pero Horby también puso en claro que si bien la pasión futbolera puede no ser la actividad más decorosa tiene resortes sociales que la hacen bastante atractiva. Albert Camus alguna vez dijo que “lo que más sé, a la larga, acerca de la moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol”. No le falta razón, aunque por momentos lo olvidemos.

Para leer más consulte la edición impresa.

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